Amigos, amigos gatos que me leen (y son pocos jajaja) ahora estoy escribiendo y publicando cosillas en TUMBLR. AQUÍ les dejo mi página de tumblr... esta manera de bloggear vía tumblr es realmente genial :) los veo en mi Scrapbook!!!! Besos!
Aquí la dirección: http://saraapaza.tumblr.com/
martes, 29 de junio de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
Soliloquios: Introspección de medianoche
Acaba de morderse el labio inferior. Esucha una canción a la medianoche. No lleva pantalones. Escribe frente al computador. No sabe qué mierda hacer para acabar con su "vida amarreta". A veces la noche inmensa se pone densa. No tiene estrellas.
El cabello alborotado. La luz tenue apuntando a las cortinas anaranjadas. Arriba nena, todas las que has pillado por ser tan ilusa... todas las que te llueven por soñar con unicornios. Todas estas ideas tontas que vuelan por tu cabeza mientras cepillas tus dientes antes de echarte en la cama.
Vuelve a apoyarse sobre la mesa, observa el texto escrito, lo corrige, mira a sus contactos, menea la cabeza, se coge las horquillas del cabello, las observa. Se toca la frente. Se acomoda en la silla. Repite la canción.
Piensa en flores, en el viento, en las nubes. Mañana hay que comprar un cuaderno y un "ramo de sueños". Recoger documentos. Pendientes...
viernes, 16 de abril de 2010
Diálogos: Diálogo 5
-Esa chica escribe soledades, te decía.
-¿Cuál? ¿La de la izquierda?
-Sí, esa misma. Lleva clase conmigo, me ha preguntado algunas cosas.
-Mmm... parece algo perdida.
-Lo está. Anoche, cuando le entregué los resultados del examen, me interrogó sobre su nota sin siquiera haber revisado el error... Yo me limité a señalarle la marca de tinta roja y luego seguí entregando notas. Creo que estaba muy molesta.
-¿Y qué tal escribe?
-Lo hace bien, solo tiene que leer y escribir más y de dejarse de pavonerías. Tiene miedo.
...
lunes, 12 de abril de 2010
Soliloquios: Engaño de Philip Roth (1990)
He sido engañada con premeditación y alevosía. No te había dicho nada, pero acabo de terminar de leer el libro de Philip Roth.
Noté que había algo extraño, de pronto, el libro me hizo sentir la necesidad de escribir. Abusé de Phil y he publicado algunas de nuestras conversaciones de alcoba.
He escrito cosas, algunas de ellas confusas, si las lees podrías llegar a creer que estoy enamorada de ti. Solo léelas cual ficción.
Roth me ha sorprendido. Ahora entiendo porque a mi ex novio le gustaba tanto. José se pasaba horas hablándome de los judíos americanos. Además, creo que hasta ha escrito guiones de cine, una cosa así me contó mi ex.
Cuando estuve de viaje por Trujillo vi "Engaño" en uno de los estantes y su nombre me atrajo enseguida. Me capturó. Es que es una palabra emblemática, ¿no te parece?
De pronto tomé el libro, lo miré detenidamente. Quise tenerlo, pero opté por hacerle caso al profesor y llevé al hotel un guión de cine.
Cuando regresé a Lima y recibí mi cheque fui corriendo hasta la librería para saber si lo tenían. A los minutos empecé a leer el libro. Estaba en el bus...
Cuando la aventura comenzó pensé en nosotros. Recordé que luego del primer coito que tuvimos nos quedamos mirando algunos trabajos tuyos y después colocaste unos discos de Bela Bartok al amanecer...
Creo que me ha gustado demasiado ser vilmente engañada por ese judío.
Yo había descubierto todas sus infidelidades, incluso sabía de las traiciones de sus propias amantes y al mismo tiempo estaba ahí, inmersa en todo, engañándome a mi misma y convenciéndome de que ese libro había llegado a mis manos por alguna coincidencia.
Entonces tenía que darle lugar al azar y dejar que mis manos escribieran un poco sobre nosotros, un poco sobre él y sobre mí.
En efecto, así lo hice. Espero no hayan consecuencias, son solo historias que me he inventado mientras leía el libro.
Bueno, como te decía, Roth me hizo tragar el cuento entero sobre el tal Phil que vivía encerrado en su habitación, engañando y siendo engañado por todo el mundo, cuando en realidad, Phil era solo un títere. Un actor de la historia que él había inventado y que yo descubrí al final de la trama.
De pronto estaba ante un matrimonio, un hombre permisivo consigo mismo y una mujer paranoica colapsando porque ella había sido engañada al igual que yo. Ambas creíamos en la verdad de aquel cuaderno...
Pero Philip lo negó todo...
Obviamente lo negó, y tú también lo negarás. Él nos ha engañado a todos con una amante. Porque él sí la pensó, la imaginó y la tuvo en mente todo el tiempo y recurrió a ella para escribir el bendito libro.
Y yo que creía que solo hablaría de ti, ahora estoy involucrada hasta el tuétano con Roth. No sé que puedo hacer. Me había creído todo, aunque debí imaginar que se parece un poco a ti.
"Con el amante la vida cotidiana retrocede", yo diría que junto a ti solo se estanca, es decir, el tiempo se detiene, no hay hijos, no hay renta, cuentas en el banco, no hay pendientes para el día siguiente. Solo pensamos en ese momento, como ahora, que no sé porqué te he hablado de Roth como si se tratara de un amante. Aunque, pensándolo bien... si fuese de carne y hueso nunca te lo diría.
Diálogos: Práctica de diálogo 3
-Para adivinos...
-¿A qué te refieres?
-¿Acaso no lo escribiste pensando en la última vez que estuvimos juntos?
-Sí y no.
-Mmmm...
-Es que ese poema lo escribí pensando en lo bien que me hiciste sentir ese día, esa fue la última vez que él y yo hablamos...
-En fin, ya te dije...
-Que lo deje tirarse del puente, jajajaja...
-¿Quieres tomar algo?
-Vino, ¿tienes?
-He visto que también has publicado algunas de nuestras conversaciones...
-Sí, es cierto. Las hago públicas a sabiendas de que solo unos pocos las leerán.
-Pocos dices...
-No creo que a nadie más le importe lo que escribo. Algunos amigos entrarán a la bitácora solo por curiosidad y muchos de ellos ni siquiera leerán el segundo párrafo. No tienes de qué preocuparte.
-No me preocupa.
-¿Entonces?
-Es solo que quería saber si en algún momento revelarás mi nombre.
-¿Y qué tendría eso de malo?
-¿Qué tendría de bueno?
-Bah, si yo quiero le pongo Eduardo al personaje y si quiero lo llamo Manuel.
-¿Por qué tendrías que llamarlo como yo, si dices que escribes cosas pensando en mí, que al final resultan ser para él?, ¿o no es así?
-No, no es así y déjame en paz.
-¿Otra copa?
-No voy a tolerar tus engreimientos. Es precisamente por eso que estamos como estamos.
-Jamás estamos.
-Es cierto y a veces eso me lastima.
-¿Cómo?
-Que siento que me lastima.
-Pero si tú misma...
-Sí, ya sé, yo te dije que... pero esto se está tornando complicado.
-¿Por?
-Porque no consigo a nadie más.
-¿A qué te refieres? ¿a alguien más? ¿Existe alguien más?
-No, es solo un amigo al que veo cuando quiero verte a ti.
-Mmmm... ¿acaso no dijiste que no había problema?
-Es que no hay problema en verte, el problema es tener que hallar a otras personas para no sentir la necesidad de verte. Por eso cuando te encuentro, estoy tranquila, relajada, despreocupada... y es que en realidad me alivia andar con otra persona.
-¿Un alivio que es un problema? ¡Mujer estás en una telaraña!
-No. Es simple. Verás, Fernando y yo salimos y conversamos. El tema es que he notado que para ser yo su amante, se preocupa por mí. Me llama, me busca, me espera. Cosas que no hace por su novia las hace por mí. Y tú, tú en realidad apareces con cierto brillo de vez en cuando y me diviertes y me entrego a ti porque...
-¿Por qué? Admítelo, dilo de una vez...
-No sé, la verdad es que no sé. Solo sé que es diferente.
-Creo que deberíamos dejar esto de una buena vez... todo se está jodiendo y te quiero.
-Tienes razón. No dije nada. Olvídalo.
-¿Se han acostado?
-¿Firmé eso en el contrato?
-Me estás engañando...
-Claro que no. Bueno, si quieres la verdad la tomas o la dejas. No me he acostado con él, ni lo haré. Nos besamos sí y nada más porque siempre invento excusas para safar del momento. Él no sabe que ando contigo.
-¿Por qué no habría de decírselo si él también tiene otra?
-Porque no la quiere, por eso. Si le digo que ando contigo me mandará al diablo. Ya antes me juzgó por haberlo rechazado un par de veces y aún así vuelve y me busca. Solo que presiento que esta vez sería la última.
-Ya veo de qué vas tú ahora...
-No es ningún juego. No me mires así. ¡Apaga esa radio!
-"Lying on your bed, examining my head, this is part of me that hates..."
-Préstame las llaves, voy por unos cigarrillos. ¿Tienes cambio?
-¿A qué te refieres?
-¿Acaso no lo escribiste pensando en la última vez que estuvimos juntos?
-Sí y no.
-Mmmm...
-Es que ese poema lo escribí pensando en lo bien que me hiciste sentir ese día, esa fue la última vez que él y yo hablamos...
-En fin, ya te dije...
-Que lo deje tirarse del puente, jajajaja...
-¿Quieres tomar algo?
-Vino, ¿tienes?
-He visto que también has publicado algunas de nuestras conversaciones...
-Sí, es cierto. Las hago públicas a sabiendas de que solo unos pocos las leerán.
-Pocos dices...
-No creo que a nadie más le importe lo que escribo. Algunos amigos entrarán a la bitácora solo por curiosidad y muchos de ellos ni siquiera leerán el segundo párrafo. No tienes de qué preocuparte.
-No me preocupa.
-¿Entonces?
-Es solo que quería saber si en algún momento revelarás mi nombre.
-¿Y qué tendría eso de malo?
-¿Qué tendría de bueno?
-Bah, si yo quiero le pongo Eduardo al personaje y si quiero lo llamo Manuel.
-¿Por qué tendrías que llamarlo como yo, si dices que escribes cosas pensando en mí, que al final resultan ser para él?, ¿o no es así?
-No, no es así y déjame en paz.
-¿Otra copa?
-No voy a tolerar tus engreimientos. Es precisamente por eso que estamos como estamos.
-Jamás estamos.
-Es cierto y a veces eso me lastima.
-¿Cómo?
-Que siento que me lastima.
-Pero si tú misma...
-Sí, ya sé, yo te dije que... pero esto se está tornando complicado.
-¿Por?
-Porque no consigo a nadie más.
-¿A qué te refieres? ¿a alguien más? ¿Existe alguien más?
-No, es solo un amigo al que veo cuando quiero verte a ti.
-Mmmm... ¿acaso no dijiste que no había problema?
-Es que no hay problema en verte, el problema es tener que hallar a otras personas para no sentir la necesidad de verte. Por eso cuando te encuentro, estoy tranquila, relajada, despreocupada... y es que en realidad me alivia andar con otra persona.
-¿Un alivio que es un problema? ¡Mujer estás en una telaraña!
-No. Es simple. Verás, Fernando y yo salimos y conversamos. El tema es que he notado que para ser yo su amante, se preocupa por mí. Me llama, me busca, me espera. Cosas que no hace por su novia las hace por mí. Y tú, tú en realidad apareces con cierto brillo de vez en cuando y me diviertes y me entrego a ti porque...
-¿Por qué? Admítelo, dilo de una vez...
-No sé, la verdad es que no sé. Solo sé que es diferente.
-Creo que deberíamos dejar esto de una buena vez... todo se está jodiendo y te quiero.
-Tienes razón. No dije nada. Olvídalo.
-¿Se han acostado?
-¿Firmé eso en el contrato?
-Me estás engañando...
-Claro que no. Bueno, si quieres la verdad la tomas o la dejas. No me he acostado con él, ni lo haré. Nos besamos sí y nada más porque siempre invento excusas para safar del momento. Él no sabe que ando contigo.
-¿Por qué no habría de decírselo si él también tiene otra?
-Porque no la quiere, por eso. Si le digo que ando contigo me mandará al diablo. Ya antes me juzgó por haberlo rechazado un par de veces y aún así vuelve y me busca. Solo que presiento que esta vez sería la última.
-Ya veo de qué vas tú ahora...
-No es ningún juego. No me mires así. ¡Apaga esa radio!
-"Lying on your bed, examining my head, this is part of me that hates..."
-Préstame las llaves, voy por unos cigarrillos. ¿Tienes cambio?
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sábado, 10 de abril de 2010
Soliloquios: Práctica de diálogo 2 (Monólogo)
- Y sabes también que no te necesito, ¿no?
Estoy un poco harta de ti. No sé como he podido volver a caer en esta situación. Siempre es lo mismo. Contigo nunca se sabe y te encanta ser así. Haces las cosas más complejas de lo que realmente son.
No vayas a pensar que estoy enamorada. No lo estoy.
Ya es tarde, mejor hablamos otro día... Ah verdad, también estoy cansada de discutir sobre el tiempo.
Me pasaba siempre discutiendo sobre cuán tarde era siempre con él... ahora no quiero tocar ese tema contigo.
No creo que debas darme razones para despedirme a mitad de la noche. Las conozco. Sé que mañana tendrás que salir temprano y que te averguenza que mi madre sepa que estuve despierta hasta esta hora contigo. Ella ya sabe que salimos y te ha visto en la televisión.
No le pareces nada atractivo, en realidad no se explica qué te vi. Pero si supiera...
Además, tu madre está de visita. No estamos solos. Cuando salgo para el baño en la madrugada paso por su habitación y veo que está despierta leyendo...
Pásame el cenicero, ¿quieres? Gracias.
Mañana temprano vendré a recoger mis cosas y, si no te molesta, me llevaré la bicicleta que compramos. Puedes quedarte con la radio.
Mmmm... ¿no te molesta nada? Qué callado que estás ultimamente. Al menos podrías tomarte la molestia de levantarte de la cama. ¡Son las diez de la mañana!
Bueno... es tarde ya me voy. Dejo el dinero de la renta sobre la mesa.
Estoy un poco harta de ti. No sé como he podido volver a caer en esta situación. Siempre es lo mismo. Contigo nunca se sabe y te encanta ser así. Haces las cosas más complejas de lo que realmente son.
No vayas a pensar que estoy enamorada. No lo estoy.
Ya es tarde, mejor hablamos otro día... Ah verdad, también estoy cansada de discutir sobre el tiempo.
Me pasaba siempre discutiendo sobre cuán tarde era siempre con él... ahora no quiero tocar ese tema contigo.
No creo que debas darme razones para despedirme a mitad de la noche. Las conozco. Sé que mañana tendrás que salir temprano y que te averguenza que mi madre sepa que estuve despierta hasta esta hora contigo. Ella ya sabe que salimos y te ha visto en la televisión.
No le pareces nada atractivo, en realidad no se explica qué te vi. Pero si supiera...
Además, tu madre está de visita. No estamos solos. Cuando salgo para el baño en la madrugada paso por su habitación y veo que está despierta leyendo...
Pásame el cenicero, ¿quieres? Gracias.
Mañana temprano vendré a recoger mis cosas y, si no te molesta, me llevaré la bicicleta que compramos. Puedes quedarte con la radio.
Mmmm... ¿no te molesta nada? Qué callado que estás ultimamente. Al menos podrías tomarte la molestia de levantarte de la cama. ¡Son las diez de la mañana!
Bueno... es tarde ya me voy. Dejo el dinero de la renta sobre la mesa.
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miércoles, 7 de abril de 2010
Diálogos: Práctica de diálogo 1
I
-Es como te digo Phil, ahora todo está más claro que el agua.
-¿Y qué piensas hacer?
-Pues dejar correr el agua...
-Sabes que cuentas conmigo.
-Eso es lo que me preocupa. Ahora que renuncié a Eduardo, me aferraré a ti y eso me desespera.
-Pero, sabes que no me aprovecharé de ello.
-No lo digo por eso. Sabes que me molesta sentirme vulnerable, detesto esa sensación. Yo no quiero necesitarte, ni que tú me necesites. A veces pienso que si Elizabeth desapareciera de tu vida, eso complicaría aún más las cosas...
-¿Por qué lo dices?
-Porque si Elizabeth te dejara, tú y yo estaríamos solos, solos y juntos al mismo tiempo y eso crearía una relación de dependencia. Eso es lo que quiero evitar. Lo digo porque te quiero...
-Yo también te quiero...
-Lo sé.
II
-A lo mejor fui demasiado sincera.
-¿Tú crees?
-Sí. Le dije que lo quería.
-¿Es cierto?
-Tan cierto como lo que siento por ti.
-Entonces no volverás a verlo ¿o sí?
-No creo que lo busque más, a menos que...
- ¿qué?
-Que me diga qué es lo que quiere.
-¿Hace cuánto se conocen?
-Un año, poco menos.
-¿Qué es lo que te gusta de él?
-Puedes creer que varias amigas me preguntan lo mismo y no sé qué responder.
-No quieres responderles...
-No, no es eso. Contigo es más fácil definirlo. Tú eres mayor, al menos contigo puedo poner como pretexto a la experiencia.
-Es como te digo Phil, ahora todo está más claro que el agua.
-¿Y qué piensas hacer?
-Pues dejar correr el agua...
-Sabes que cuentas conmigo.
-Eso es lo que me preocupa. Ahora que renuncié a Eduardo, me aferraré a ti y eso me desespera.
-Pero, sabes que no me aprovecharé de ello.
-No lo digo por eso. Sabes que me molesta sentirme vulnerable, detesto esa sensación. Yo no quiero necesitarte, ni que tú me necesites. A veces pienso que si Elizabeth desapareciera de tu vida, eso complicaría aún más las cosas...
-¿Por qué lo dices?
-Porque si Elizabeth te dejara, tú y yo estaríamos solos, solos y juntos al mismo tiempo y eso crearía una relación de dependencia. Eso es lo que quiero evitar. Lo digo porque te quiero...
-Yo también te quiero...
-Lo sé.
II
-A lo mejor fui demasiado sincera.
-¿Tú crees?
-Sí. Le dije que lo quería.
-¿Es cierto?
-Tan cierto como lo que siento por ti.
-Entonces no volverás a verlo ¿o sí?
-No creo que lo busque más, a menos que...
- ¿qué?
-Que me diga qué es lo que quiere.
-¿Hace cuánto se conocen?
-Un año, poco menos.
-¿Qué es lo que te gusta de él?
-Puedes creer que varias amigas me preguntan lo mismo y no sé qué responder.
-No quieres responderles...
-No, no es eso. Contigo es más fácil definirlo. Tú eres mayor, al menos contigo puedo poner como pretexto a la experiencia.
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lunes, 29 de marzo de 2010
Prosa: La hora del té
Yo y mi corazón de crayolas garabateamos el cielo y navegamos sin aliento hasta hallar un retazo del mandil de Amanda. ¿La habremos perdido para siempre? Me pregunto, ¿Nos esperará?
El viento sopla despacito, el pedazo de tela que llevo entre las manos empieza a escurrirse, parece que quiere escapar. Tal vez la extraña.
Ya cae el atardecer y todo se vuelve anaranjado, incluso este trocito de Amanda luce más intenso. Quizás esta sea una señal de que ella me aguarda en otro lugar.
Me gustaba pintarla cuando jugaba con mis soldados y mis papelitos colorinches. A ella, en cambio, le encantaba que mi gata Cata se le escapara de entre las piernas y derribara una a una nuestras fichas de dominó.
Yo me reía muchísimo mirándolas. Amanda corría detrás de Cata para darle su tacita de té. Todas las tardes jugaban a la cocinita y Cata, debía pedir cucharaditas de azúcar para la hora del té. “Con mucho gusto, Doña Cata”, recitaba a diario Amanda, poniéndose las manos a la cintura como una teterita.
Ambas se sentaban en las sillas rojas de plástico a charlar-maullar sobre lo mal que yo me portaba porque nunca podía tomar el té con ellas. Y es que, a esa misma hora llegaban Roberto y los chicos de la quinta a llamarme para entrar a la canchita.
Un día, después de clases estaba almorzando y noté que Cata no estaba. Imaginé que se encontraba espiando ratones en alguna azotea vecina y volvería al día siguiente en busca de comida.
Como solía ocurrir en esos casos, Amanda me buscó como el reemplazo ideal de Cata, pero esa vez tuve que salir a la casa de Roberto a recoger unos libros que le había prestado.
Esa tarde, mis tíos, los papás de Amanda, llegaron a casa para pedir su custodia. Le explicaron a mi madre que luego del viaje les iba bien, que el timador que se había llevado sus ahorros había sido arrestado y que habían recuperado una parte del dinero en una cuenta en el extranjero.
Cuando volví, Cata ya había regresado y comía la cena que mamá le había puesto en su plato de acero, en un rinconcito de la terraza. Yo escuché el sonido de la TV y vi que mi madre esperaba a mi papá en el comedor. Estaba algo seria y al verme entrar me dijo que mis tíos se habían llevado a Amanda y que en unos días regresarían por la ropa y el juego de té.
Me quedé callado y en vez de sentarme a ver la tele como de costumbre, me encerré en mi cuarto. Cata arañó la puerta unas tres o cuatro veces, pero no tenía ánimos para jugar con ella.
Hoy por la mañana, antes de ir al colegio, observé por unos segundos desde la puerta de la casa el mandil de Amanda que mi madre había tendido en el cordel.
El sol empezaba a secarlo con sus rayos y lo vi más brillante que nunca. Recordé el juego de té, las risas, la hora “naranja”, entonces Cata rozó su fina cola sobre mis pantorrillas y desperté. Parpadeé uno segundos y caminé con Roberto hacia la escuela.
La imagen del mandil carmesí oreándose al sol, resplandeciendo, no se salía de mi cabeza. Hoy tuve nueve horas de clase y 20 minutos de recreo en los que solo pensé en las tacitas, las charlas- maullido y en Amanda.
Cuando sonó el timbre de la salida, me faltaron piernas para llegar a casa. No sé porqué corrí, pero me apresuré porque creía que mi madre podría decirme la dirección de mis tíos.
Hace algunos minutos, mi madre estaba aquí en la entrada del jardín. Uno de sus maceteros preferidos se ha roto. Mi tío lo acaba de chocar con su auto nuevo.
Enganchado en el sujetador del macetero encuentro un pedacito de tela escarlata.
“Amandita se va a Nueva York”, dice mi madre mientras parte hacia la sala desconcertada. Intuyo que está afligida, después de todo nosotros cuidamos de Amanda cuando mis tíos se declararon en bancarrota hace 3 años.
Ahora sujeto con la punta de los dedos el retazo de tela carmesí, Cata viene a verme, debe ser ya la hora del té.
El viento sopla despacito, el pedazo de tela que llevo entre las manos empieza a escurrirse, parece que quiere escapar. Tal vez la extraña.
Ya cae el atardecer y todo se vuelve anaranjado, incluso este trocito de Amanda luce más intenso. Quizás esta sea una señal de que ella me aguarda en otro lugar.
Me gustaba pintarla cuando jugaba con mis soldados y mis papelitos colorinches. A ella, en cambio, le encantaba que mi gata Cata se le escapara de entre las piernas y derribara una a una nuestras fichas de dominó.
Yo me reía muchísimo mirándolas. Amanda corría detrás de Cata para darle su tacita de té. Todas las tardes jugaban a la cocinita y Cata, debía pedir cucharaditas de azúcar para la hora del té. “Con mucho gusto, Doña Cata”, recitaba a diario Amanda, poniéndose las manos a la cintura como una teterita.
Ambas se sentaban en las sillas rojas de plástico a charlar-maullar sobre lo mal que yo me portaba porque nunca podía tomar el té con ellas. Y es que, a esa misma hora llegaban Roberto y los chicos de la quinta a llamarme para entrar a la canchita.
Un día, después de clases estaba almorzando y noté que Cata no estaba. Imaginé que se encontraba espiando ratones en alguna azotea vecina y volvería al día siguiente en busca de comida.
Como solía ocurrir en esos casos, Amanda me buscó como el reemplazo ideal de Cata, pero esa vez tuve que salir a la casa de Roberto a recoger unos libros que le había prestado.
Esa tarde, mis tíos, los papás de Amanda, llegaron a casa para pedir su custodia. Le explicaron a mi madre que luego del viaje les iba bien, que el timador que se había llevado sus ahorros había sido arrestado y que habían recuperado una parte del dinero en una cuenta en el extranjero.
Cuando volví, Cata ya había regresado y comía la cena que mamá le había puesto en su plato de acero, en un rinconcito de la terraza. Yo escuché el sonido de la TV y vi que mi madre esperaba a mi papá en el comedor. Estaba algo seria y al verme entrar me dijo que mis tíos se habían llevado a Amanda y que en unos días regresarían por la ropa y el juego de té.
Me quedé callado y en vez de sentarme a ver la tele como de costumbre, me encerré en mi cuarto. Cata arañó la puerta unas tres o cuatro veces, pero no tenía ánimos para jugar con ella.
Hoy por la mañana, antes de ir al colegio, observé por unos segundos desde la puerta de la casa el mandil de Amanda que mi madre había tendido en el cordel.
El sol empezaba a secarlo con sus rayos y lo vi más brillante que nunca. Recordé el juego de té, las risas, la hora “naranja”, entonces Cata rozó su fina cola sobre mis pantorrillas y desperté. Parpadeé uno segundos y caminé con Roberto hacia la escuela.
La imagen del mandil carmesí oreándose al sol, resplandeciendo, no se salía de mi cabeza. Hoy tuve nueve horas de clase y 20 minutos de recreo en los que solo pensé en las tacitas, las charlas- maullido y en Amanda.
Cuando sonó el timbre de la salida, me faltaron piernas para llegar a casa. No sé porqué corrí, pero me apresuré porque creía que mi madre podría decirme la dirección de mis tíos.
Hace algunos minutos, mi madre estaba aquí en la entrada del jardín. Uno de sus maceteros preferidos se ha roto. Mi tío lo acaba de chocar con su auto nuevo.
Enganchado en el sujetador del macetero encuentro un pedacito de tela escarlata.
“Amandita se va a Nueva York”, dice mi madre mientras parte hacia la sala desconcertada. Intuyo que está afligida, después de todo nosotros cuidamos de Amanda cuando mis tíos se declararon en bancarrota hace 3 años.
Ahora sujeto con la punta de los dedos el retazo de tela carmesí, Cata viene a verme, debe ser ya la hora del té.
Diálogos: Alrededor del mundo
-Está bien. Yo saldré primero de la habitación, solo hay que advertirle al portero que estamos yendo “a comprar”.
-Yap.
-Pero me has entendido, ¿no?
-Sí, claro. ¡Vamos ya!
Elena bajó las escaleras rápidamente y salió del hostal. Caminó hacia la esquina y sujetó la gabardina fuertemente con las manos. El viento soplaba fuerte. Eran las 3:00 am.
Guido la siguió. Después de contar uno segundos él abandonó el hostal, caminó hacia la otra esquina de la cuadra. Desde allí observaba la silueta de Elena.
Ella se tambaleaba caminando al filo de la acera. Jugaba con la punta de sus tacones rojos, mientras encendía un cigarrillo. Miró hacia la avenida y luego giró en dirección a Guido. Él retrocedió unos pasos, ordenó sus cabellos con los dedos y fue por ella.
Era un día cualquiera en una calle sin gente. Miraflores lucía turbia. Las luces de los postes ámbar guardaban silencio. Guido se acercó a Elena, la rodeó y la miró fijamente. La tomó de la mano y le dio una vuelta para su goce.
Ella sonreía, pero intentaba mantener la seriedad, no pronunciaba palabras mientras giraba.
Él apartó el cigarro de la boca de Elena, lo tiró al piso y le dijo: “¿Va a aceptar usted mi propuesta?”.
-Acaso ha pronunciado alguna,-contestó Elena.
Guido palpó sus bolsillos y sacó su billetera. Del interior extrajo una tarjeta en la que escribió: “Destino: Vuelta alrededor del mundo. Valor: US$ 3,1416” .
-Esta es una oferta que Ud. no puede rechazar,-señaló.
Elena tomó con la punta de sus dedos la tarjeta, la observó por unos segundos. Sonrío y se apartó unos centímetros de Guido. Sin perderlo de vista, empezó a dar vueltas mientras decía: “Alrededor del mundo, eh.”
Mientras reía eufórica, se acercó a Guido, tomó su rostro con una mano y con la otra, desató la correa de su abrigo.
Se abrieron las solapas de la gabardina, como se corren los telones del teatro, dejando entrever, el vestidito de tul escarlata. Se translucían sus pechos, el ombligo pequeño y redondo y la entrepierna que parecía tener grabado su nombre.
Elena abrazó a Guido riéndose a carcajadas y cruzó nuevamente las solapas de la gabardina oscura para ir corriendo hasta la habitación del hostal.
Guido intentaba sostenerle la mano, mientras subían las escaleras. Hacía un poco de frío y las manos de Elena estaban heladas. Una de ellas llevaba la “tarjeta-pasaporte”.
-¡Soy una actriz estupenda!- exclamó Elena.
-Y pagaría siete veces más por esta brillante performance.- acotó Guido con una sonrisa.
-Si no fuera por...
Elena, termina de subir el último peldaño y ya en la puerta del cuarto besa a Guido. Ambos se abrazan apoyados en el tocador. Él la sostiene de las solapas, ella intenta liberarse, para exasperarlo.
De pronto, el abrigo vuela por el cuarto, se abre como si fuese a volar y cae sobre la alfombra junto al bolso de Elena.
La luz tenue de la habitación nos deja ver los cuerpos agitados, el tul grana arrojado al pie del tocador, la gabardina junto al bolso semiabierto de Elena y una línea ámbar que se extiende sobre un boleto de avión doblado por la mitad.
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